Pol Agustí
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La práctica de Pol Agustí explora la intersección entre la soledad, la arquitectura y el simbolismo espiritual. Trabajando principalmente con cerámica negra y madera en bruto, Agustí construye un vocabulario personal de ausencia, cuidado y ritual interno.
Su obra incluye La Corucha en Tetecua (2025), una pieza funeraria creada en memoria de un amigo cercano, así como lámparas escultóricas que rinden homenaje a deidades universales, concebidas como una forma de devoción desligada de cualquier religión específica. Otras piezas imaginan el mundo interior de un guardián invisible de palomas y espíritus, una presencia tanto mística como doméstica.
Las esculturas de Agustí a menudo evocan altares, estructuras funerarias o herramientas devocionales: dispositivos para el duelo, la transformación o la observación silenciosa.