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El último inquilino

Past EXHIBITION

18.03.2021 - 22.05.2021

No era optimista, la mayor parte del tiempo. Al menos, esoes lo que ellos creían. De hecho, no se lo permitía. Era una cuestión de gustos. Tampoco tenía nunca prisa. Todas esas cosas implicaban un cierto estilo mundano que no estaba interesado en alimentar. El tiempo jugaba siempre a su favor. Le gustaba esperar a que las cosas hicieran sentido por sí mismas.

Pasaban días y meses y apenas se le veía salir. Se creía que la piel lucía más joven de lo que se esperaría, a causa de que ignoraba completamente el calendario. De eso hablaban principalmente los vecinos. No de su soledad, sino del aspecto de su piel. Fueron ellos quienes convirtieron sus días en un mito.

Nadie sabe con precisión cuánto tiempo vivió aquí. La música era la que informaba sobre su presencia. Fuera de eso, todo era silencio. Solo los aspersores de agua perturbaban esa monotonía. Los vecinos fantaseaban con que regar el jardín se había convertido en la forma que tenía el inquilino para saber la hora.

El cuidador se movía también por la casa en un ritmo consistente y apenas veía a su jefe. Era un acuerdo, un contrato sin palabras. Casi nunca se cruzaban; cuando uno salía de una habitación, el otro dejaba otra, al otro lado de la casa, en una especie de coreografía perfecta.

Después de un largo fin de semana, cuando el cuidador regresó a trabajar, se dio cuenta con sorpresa de que la casa había sido desocupada. Vaciada. Y no habia absolutamente nadie. Sin habitante, sin muebles, nada. A pesar de ello, siguió trabajando, esperando durante años, pero nunca nadie regresó. No hubo un adiós, ni una nota, nada.

En un armario había quedado una pequeña caja de cartón, aparentemente olvidada. Contenía fotografías, algunos recuerdos y notas escritas, algunas de las cuales se han montado por toda la casa. Son las únicas pistas, si acaso una versión fragmentada, que podría contar sobre la vida y los intereses del hombre que vivía en esta casa.

Las obras de arte y diseño que se muestran aquí forman, en conjunto, una especie de retrato, desde lejos; cosas que imagino que habrían complacido a El último inquilino.

Mario García Torres